Siempre que viajo en tren llevo en mi bolso unos textos de Márquez, en realidad son unos papeles desordenados, pero como me tomo la precaución de enumerarlos, me paso dos estaciones acomodándolos, y después comienzo a leer.
Hoy, como todos los días, me senté y saqué de mi bolso los textos de Márquez, luego de las dos estaciones, comencé a leer. Al lado mío estaba sentado un hombre mayor, tendría unos 60 años, más o menos. Aparentemente mi lectura también le interesaba a mi compañero de asiento, como pasa siempre.
Mientras iba leyendo pensaba…
-¿Ya habrá terminado?, ¿saco el dedo?, ¿por donde irá?... como vi que ya no miraba me imaginé que había terminado y cambié de hoja, cuando lo hice inmediatamente volvió a mirar. Al rato me volví a preguntar lo mismo…
-¿Ya habrá terminado?¿Saco el dedo?¿Por donde irá?...volví a hacer lo mismo muchas veces, yo ya no podía leer, estaba pendiente de la lectura de mi compañero de viaje, me sentía un libro móvil, o un sostén de papeles que se movían al ritmo del tren. Realmente yo me estaba durmiendo, se me cerraban los ojos, pero no podía guardar los papeles, el pobre hombre se quedaría con el cuento por la mitad. En un momento ya no me importó, en un descuido que tuvo el hombre guardé todo rápidamente y me puse a mirar por la ventana. No se si se habrá ofendido pero se bajó en la siguiente estación. Antes de bajarse me miró y me preguntó.
-¿Tenés hora?
-si, son las 12.30
-Gracias,gracias
Cuando se bajó me pregunté si me dijo dos gracias uno por la hora y otro por haber sido su sostén móvil.
Seguí mirando por la ventanilla, ya estaba próxima a llegar. En el asiento de atrás estaba sentado un hombre con un aspecto poco presentable, tenía en su brazo izquierdo un tatuaje que decía MARCELA con una letra muy parecida a la de mis peores alumnos. Esto lo se porque antes de sentarme estuve parada unas cuantas estaciones y pude verlo muy bien.
Este hombre charlaba con un amigo.
-ves, acá, detrás de esa villita, ahí es donde está el chabón que me tatua-señalaba por la ventanilla unas casas muy precarias que hay llegando a la estación de Paso Del Rey.
-ves, ves, ahí, donde están esos dos sentados, ahí atrás, ahí es.
Yo también miraba, no porque fuera a tatuarme en algún momento ahí, solo por curiosidad.
-Y acá es el hotel donde a veces vengo- señalaba una delegación de la policía.
No pude evitar sonreír, había resultado ser un chorro con sentido del humor.
-Acá está un amigo mío, hace rato ya…
no pude terminar de escuchar la conversación, había llegado a mi destino, fue una lástima me hubiera gustado seguir con la visita guiada.